El síndrome metabólico enfermedad global

Profesor Jorge Zaap. Director de Nutrición Profunda
El mundo ‘civilizado’ enfrenta la paradoja de la salud más extraña que podamos imaginar. Mientras la medicina globalizada se hace cada vez más sofisticada, con tecnologías de punta que crecen geométricamente y a medida que los procedimientos y fármacos son cada vez más especializados y costosos, El National Institute of Health de los EEUU predice al mismo tiempo, que en los próximos decenios, la esperanza de vida para el estadounidense promedio podría disminuir hasta en 5 años. Y peor aún, los pobres en todas nuestras sociedades modernas, que encuentran en la comida su único esparcimiento, sin diferenciar entre Nueva York, Shanghai o Guatemala, reciben lo peor de esos dos mundos. Una enfermedad alimenticia generalizada y mortal y falta de acceso a la medicina costosa para tratar sus manifestaciones.
La mitad o más de los adultos y más sorprendentemente nuestros hijos, se hacen cada vez más gordos y barrigones, los triglicéridos y el colesterol son apenas controlados con medicamentos, mientras las lipoproteínas protectoras HDL, descienden a niveles mórbidos. Por ejemplo en Colombia, la Encuesta Nacional de Salud nos muestra que el 62.8% de los adultos (18 a 69 años) las exhiben ya bajo los 40mg/dl, lo cual representa un riesgo latente de morbilidad cardiovascular. La obesidad, la hipertensión arterial y la diabetes se están apoderando de grandes sectores de la población, con crecimientos que amenazan dimensiones epidémicas.
La mayoría de personas muere prematuramente a causa de las manifestaciones de esta enfermedad generalizada, mientras nuestras defensas naturales se debilitan ante este desolador panorama metabólico: las infecciones están recuperando espacio. Tratamientos extremos como cirugía a corazón abierto o de diálisis renal, se han convertido en un futuro previsible y hasta deseable, a las cuales muchos de nosotros aspiramos con vehemencia a través de acciones jurídicas extremas. Todo esto, en un mundo civilizado que, aparentemente, superó la infección y la malnutrición con vacunas, antibióticos y suplementos, mientras logró extender la expectativa de vida, hasta el final del siglo XX.
Las consecuencias de esta nueva realidad mórbida, aceptada ya como un sino por nuestras sociedades modernas, son probablemente las más dramáticas, y al mismo tiempo, constituyen el problema vital e invisible más importante del ser humano en este mundo moderno de explosión tecnológica.
No es una simple cuestión de mejores medicamentos, mejores los laboratorios o mejores tratamientos, aún si llegan a ser decenas de veces más eficientes y baratos dentro de los sistemas de salud que aspiramos a poner en marcha en nuestros países.
La solución a este reto ha de profundizar en nuestro proceso evolutivo para recuperar un control consciente del fenómeno que nos está ocurriendo. Para entender las razones de semejante desatino global, cabe releer los dos artículos de esta misma página web sobre “La Historia de la Alimentación Humana”.
La Federación Internacional de Diabetes (IDF) define el Síndrome Metabólico a partir de su sintomatología, de la siguiente forma:
Un IMC (Índice de Masa Corporal) > 30 kg/m2 (peso/(altura en m)2 (aunque otras organizaciones lo determinan ya bajo 28 kg/m2), y por lo menos, dos de los siguientes síntomas:
1. Triglicéridos > 150 mg/dl o tratamiento en curso para controlarlos
2. Lipoproteína de alta densidad (HDL) < 40 mg/dL en hombres o <a 50 mg/dL en mujeres
3. Colesterol total por sobre 200 mg/dl o tratamiento en curso para controlarlo
4. Presión arterial > 130/85 o tratamiento en curso para controlarla
5. Glicemia plasmática en ayunas > 100mg/dl o tratamiento en curso para controlarla. (99mg/dl es el valor superior aceptable más moderno antes de comenzar predecir un riesgo de prediabetes)
6. Diagnóstico de diabetes t2(diabetes de la edad adulta o de resistencia constitucional a la insulina)
¿Suenan conocidos a los mayores de 40 años, de 50, de 60?
Las personas con Síndrome Metabólico tienen mucho mayor riesgo de enfermedad cardiaca coronaria y otras enfermedades relacionadas con la acumulación de placa en las paredes arteriales (por ejemplo, arteriosclerosis, accidente cerebro-vascular, enfermedad vascular periférica o infarto del miocardio), mayor riesgo de hipertensión y naturalmente las complicaciones de la diabetes tipo 2 (causante de casi el 70% de las cegueras, amputaciones (no minas), insuficiencia renal -diálisis, entre otras).
Una vez que agotamos la capacidad de control orgánico de la juventud, el Síndrome Metabólico nos roba 10 y hasta 20 años de vida en una época productiva y excepcionalmente afectiva de la vida, mientras a los que lo experimentamos (casi la mitad de los mayores de 45 años y ahora muchos jóvenes) nos hace la vida miserable: una obesidad que nos impide la libertad de movimiento y el ejercicio, que genera rechazo social, nos fuerza a comer más, e induce de manera sorda e insidiosa muchas enfermedades y causas de la mayoría de las muertes explicadas arriba, todas fatales, tarde o temprano. Sólo escapan en el planeta, pueblos primitivos como los aborígenes australianos, algunas tribus africanas y americanas y grupos étnicos europeos y asiáticos que conservan todavía intactas sus costumbres alimenticias ancestrales.
¿Qué le está ocurriendo al mundo moderno?
La medicina moderna trata individualmente las diferentes expresiones del Síndrome Metabólico (hipertensión, desbalance lipídico, enfermedad cardiovascular y diabetes t2 con sus riesgos asociados), aunque con mucha dificultad se identifica una terapéutica integral para el conjunto de éstas. Reconociendo no saber las razones profundas de éste, el último estudio de Harvard sobre la ingesta de fibra, demuestra sus beneficios en este sentido. http://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/what-should-you-eat/fiber-full-story/index.html#diabetes Deja claro, sin embargo, que el Síndrome Metabólico tiene que ver, en el común de las personas que lo padecen, con predisposiciones genéticas muy generalizadas, con estilos de vida y muy especialmente con alimentación.
En Nutrición Profunda, mientras buscábamos alimentos energéticos que no nos elevaran la glicemia a los diabéticos, encontramos accidentalmente que los humanos poseemos la capacidad de desarrollar una digestión alterna, similar a la que nos hizo humanos en la sabana africana, capaz de digerir de manera inteligente (100 millones de neuronas y 500 millones de células nerviosas a su servicio, organizadas desde los plexos de Meissner y Auerbach y sus conexiones al resto de la digestión) una dieta compuesta por lo ‘aparentemente indigerible’ (los carbohidratos complejos de decenas a millares de sacáridos de los alimentos ancestrales, los cuales denominamos “fibra soluble” o “almidones fijos”). Esta dieta universal minimiza el procesamiento enzimático de los carbohidratos cortos disponibles (70%a 100% de los de la alimentación tradicional) que genera tres veces al día, un tsunami intravenoso de glucosa. La Nutrición Profunda, al ser apenas metabolizable en un 20% durante la primera hora, induce naturalmente (7 a 15 días para crearla en forma natural con esta comida) una digestión bacteriana continua intestinal de ‘lo indigerible’: los carbohidratos complejos. Genera así, una euglicemia constitutiva que reduce la producción de triglicéridos, sobrantes de nuestros ‘tsunamis’ diarios de glucosa sanguínea y favorece la síntesis de decenas de metabolitos intestinales como la vitamina B12, la biotina, la vitamina K y niveles extraordinarios de antioxidantes y factores inmunológicos. En ausencia de complicaciones mayores (p.e. Síndrome de Cushing o hipotiroidismos radicales) ha demostrado en centenares de casos la capacidad para reversar, en unos pocos meses, los síntomas de Síndrome Metabólico en su conjunto. Descubrimos simplemente que la dieta disponible en los supermercados y en nuestros platos caseros ‘civilizados’ dejó de ser humana por razones de modificación genética, de procesamiento y refinación. Todavía estamos tratando de entender lo que ocurre una vez que se regulariza la digestión de los carbohidratos complejos. (en mi caso de diabético t2 controlado únicamente con dieta: Hb2A1c= 5.1%, glicemia basal de 88mg/dl, HDL= 80mg/dl, Triglicéridos en 130mg/dl, Colesterol de 166mg/dl, tensión arterial de 125/75 y antioxidantes de 61.000 unidades, el valor más alto medido en Colombia). En la mayoría de los diabéticos y personas con la sintomatología del Síndrome Metabólico, que se alimentan con Nutrición Profunda en tres a cuatro meses, recuperan indicadores de laboratorio normales mientras experimentan una sensación saludable inigualable.


