Nueve dimensiones del ejercicio
Prof. Jorge Zapp

Un verdadero problema de Salud Pública. Word art de libre publicación
Un circo millonario: durante 50 millones de años, los primates (monos, lemures y humanos actuales) vivimos recolectando frutas dentro de un patrón arbóreo de ‘ejercicio extremo de circo’. Gastábamos ese flujo calórico casi continuo, en conseguir de rama en rama la comida y en el retozo típico de los primates. Apenas una pequeña parte de dicha glucosa se almacenaba como almidón-animal: Glucógeno, especialmente para emergencias (escapar de enemigos, el combate, la caza o cambios de territorio) y naturalmente para contar con calorías suficientes para pasar la noche..
La alimentación humana ‘civilizada’ actual está marcada, sin escapatoria, por harinas y azúcares de alto Índice Glicémico (IG), con valores fuera de toda lógica. Aun en los alimentos llamados ‘integrales, del orden de IG= 70 a 100 (con el 70% o más de absorción y metabolización inmediata de la glucosa pura). Hoy nos alimentamos simplemente de azúcar como monos. El arroz, la papa, el pan, la pasta y el azúcar actuales, son las ‘Macrofrutas’ de otros artículos de esta misma serie. Nuestra nutrición actual, desde el punto de vista energético, es realmente muy similar a la de la fruta de nuestros antecesores, Toda la cultura Occidental alimenticia, a la cual pertenecemos (productos con carbohidratos genéticamente cortos, refinados industrialmente y fracturados en la cocina), maneja actualmente una economía energética a corto plazo muy similar a la de los primates ancestrales y actuales, descrita arriba, con una aterradora excepción:¡ YA NO HACEMOS CASI EJERCICIO!
Estudios modernos señalan que los primates frugívoros (Ungar, Peter S.”Evolution of the Human Diet”2010) gastaban cerca del 60% de la energía que consumían en la consecución de alimento y en el retozo. En términos humanos actuales, pensemos en un requerimiento de algo así como 1800 Kcal de ejercicio (4 horas de trote al día) para una dieta típica de 3000 Kcal. En la actualidad nos alimentamos como monos, digerimos en el duodeno también como monos y sólo los deportistas profesionales, con cuerpos y salud envidiables, hacen realmente ejercicio como monos. El resultado para el resto sedentario de nosotros: una mala salud generalizada ya en el mundo, marcada por las expresiones del Síndrome Metabólico.
Ningún primate, a excepción de nosotros los humanos, almacena grasa bajo la piel. Los monos en las épocas de abundancia de alimento, guardan grasa amarilla en el vientre, en el tejido altamente irrigado que rodea el intestino para las épocas de escasez. Un almacenamiento a largo plazo que sólo se metaboliza ante la hambruna en las épocas de las ‘vacas flacas’. Ese buche chimpancé que vemos en zoológicos y películas, ya sin penuria, nos acompaña ahora hasta la muerte, siendo causa y síntoma al mismo tiempo de nuestra mala salud.
Al evolucionar, aparentemente en una etapa semi-acuática o de frío, los humanos desarrollamos mecanismos de protección térmica mediante la grasa subcutánea que nos hace diferentes al resto de los primates, El exceso de grasa en la actualidad, deforma y enferma a más de la mitad de la población medianamente ‘civilizada’ del planeta, a través de la enfermedad del siglo: el Síndrome Metabólico..

Gran parte de la solución
¿Qué podemos hacer para no caer en esta trampa metabólica moderna? Y esto es valido para sanos y enfermos. Simplemente dos cosas:
- Por un lado, nutrirnos con alimentos energéticos de muy bajo IG y verduras tan crudas como sea posible ( y alimentos preparados con los procedimientos de la Nutrición Profunda), ricos en fibra soluble (digerible lentamente con bacterias especializadas) que no eleven el ingreso invisible e instantáneo de glucosa (una hora). Una glucosa excesiva apenas algo transformable en Glucógeno (con poca capacidad de retención por falta de ejercicio) para así minimizar luego, la nefasta producción hepática de triglicéridos en exceso (niveles de hasta 400mg/dl, una hora después de comer) a partir de la glucosa sobrante que no alimentó instantáneamente células (nutridas ante una glicemia normal) o no fue almacenada como glucógeno por falta de ejercicio. Un metabolismo de monos enjaulados.
- Realizar ejercicio intenso y tan completo como sea posible, de media a una hora al día para ampliar la capacidad de almacenar los excesos de glucosa sanguínea en forma de glucógeno muscular y hepático, con lo cual (entre otros siete objetivos) se minimiza la producción de grasa sanguínea superflua.
¿Qué es el ejercicio? Es simplemente reproducir el esfuerzo y el consumo energético que nos permitía vivir en los árboles comiendo frutas, para funcionar como primates que somos. Sin ejercicio y sin verdadera comida humana (semillas y raíces ancestrales, tan poco refinadas y crudas como sea posible), somos como un tigre carnívoro, amarrado y enfermo; pésimamente alimentado con lechuga, repollo y pepinos. La formula para que se pele, destroce su digestión y muera prematuramente. ¡Nuestra comida y nuestra inactividad actuales ya no son humanas y en cambio son mortales!
Con una hora diaria de ejercicio vigoroso realizamos muchos milagros:
- Consumimos en el ejercicio activo parte de los depósitos de almidón humano (Glucógeno) para que el ‘tsunami de glucosa’ de cada comida (aun en las de dieta) tenga dónde guardarse, en vez de inundarnos, (y corroernos a los diabéticos) para luego transformar el sobrante en grasa que nos deforma y nos mata de enfermedad cardiovascular y arteriosclerosis.
- Le exigimos al corazón, pulmones y circulación, trabajar (al máximo saludable para c/u a su edad y estado físico), de tal manera, que en la vida diaria tengamos un sobrante de capacidad vascular y muscular de 200% o más. Por ejemplo, si nos cuesta subir escaleras, requerimos oxígeno en ocasiones o tenemos que vivir al nivel del mar; ya estamos bajo el mínimo vital, el camino de una muerte muy desagradable y prematura. La buena noticia, se puede reversar ese proceso letal con alimentación y con el ejercicio adecuados, supervisados y gradualmente crecientes.
- Combinado con la alimentación apropiada de Nutrición Profunda y el descenso consistente de los triglicéridos después de comer, con el ejercicio promovemos que el cuerpo aprenda a procesar la grasa (inmóvil en quienes no hacen ejercicio, pero móvil para quienes la demandan para fabricar triglicéridos esenciales) transformándola en el combustible de la vida (glucosa), en lipoproteínas útiles en proporciones adecuadas o directamente en energía bioquímica con lo que adelgazamos naturalmente.
- Promovemos el consumo de insulina al demandar mucha energía, con lo que facilitamos que el cuerpo pueda quemar grasa (inmovilizada por exceso de la hormona) y en los diabéticos, aumentemos la sensibilidad a la insulina. El exceso de insulina, bloqueada por la resistencia de las células a utilizarla al comienzo de la diabetes t2, asegura que la obesidad permanezca como una roca gelatinosa.
- Forzamos a las células del cuerpo a gastar energía, con lo que se ‘destapa’ gradualmente su resistencia a la insulina, la cual es precisamente la causa de la diabetes t2. Si bajamos el consumo de grasas y el exceso de proteínas inútiles combinadas con ejercicio, aceleraremos la recuperación de la sensibilidad a la insulina y reducimos la presión arterial. ¡Ganamos vitalidad, tono muscular y ganas de vivir!
- Elevamos la cantidad de la lipoproteína de alta densidad HDL o ‘colesterol bueno’, aquel que limpia nuestras arterias de las placas que causan la arteriosclerosis y promueven las enfermedades cardiovasculares. El 62.8% de los colombianos ya tenemos el HDL en niveles peligrosamente bajos (<40mg/dl, Encuesta nacional de Salud).
- El ejercicio intenso realiza un milagro: promueve el desarrollo de arterias colaterales, paralelas a las convencionales, en los lugares donde se concentra dicho ejercicio (músculos de las piernas, diafragma, corazón, etc.) de tal manera que si algún día llegamos a sufrir un accidente vascular (un trombo, por ejemplo), salvaremos la vida.
- Reduce la osteoporosis y el stress, promueve el sueño y el sexo, da seguridad psicológica y tonifica.
- Por último, la razón por la cual la gente considera que debe hacer ejercicio: para estimular la formación de una atractiva masa muscular que reemplace idealmente las ‘llantas’ de grasa que no solamente nos deforman, sino que al consumir energía nos incitan a comer mucho más.


