A propósito de epidemias
Los sucesos ocurridos durante los últimos meses en lo referente a la Influenza AH1N1, nos llevó a todos nosotros, del pánico a la incertidumbre y de la perplejidad al desasosiego durante algunas semanas. Fue como si todo lo que vivimos con la aparición del Sida hace unos años y que llevó al mundo a un dosificado y progresivo, pero inclemente, aumento del miedo a ser contagiado, hubiese ocurrido de repente, sin previo aviso, sin posibilidad de protección alguna.
Vale la pena resaltar dos cosas muy importantes para una nueva ocasión de preocupación y miedo colectivos:
La primera de ellas, el valor demostrado por el pueblo mexicano, que cerró filas en torno a sus autoridades y actuó en forma de un colectivo sincronizado que evitó la pérdida de la cohesión social. Sus líderes lideraron, sus subalternos obedecieron y el pueblo cumplió lo que debía. Seguramente se cometieron errores y habrá quien diga que todo pudo hacerse mejor, pero la sensación que tengo, es que aquello que amenazaba con destruir a toda una nación, no pudo hacerlo.
En segundo lugar llama la atención también, el sensacionalismo de alguna parte de la prensa Mundial. En algún momento se trató a los mexicanos como los nuevos leprosos del siglo XXI, portadores de la muerte y la desolación. En algunas crónicas de prensa se buscaba más que informar, satanizar a toda una población y profetizar una hecatombe social de carácter mundial si no se eliminaba el origen de la propagación del virus.
La verdad, nada de lo que predijeron los pesimistas y negaron los optimistas ocurrió.
Estamos viviendo con una enfermedad que puede atacar a cualquiera de nosotros, en cualquier lugar del planeta. Hoy, contamos con la aplicación de medidas efectivas de prevención, entre ellas la más importante: una vacuna y contamos además con un esquema probado de tratamiento que pueden modificar, a nuestro favor, la historia natural de la enfermedad.



